Toma de contacto en Asia Central: la entrada a Kirguistán

La odisea de cruzar la frontera de Irkeshtam es para mear y no echar gota. Pero finalmente conseguimos poner los pies en este país, el primer stán. La bienvenida fue genial, nunca antes un Welcome to… nos ha dado tanta alegría. Sentimos un gran alivio cuando nos sentimos libres para ir donde nos plazca sin que nadie nos siga los pasos.

Salir de la frontera kirguisa no iba a ser tan idílico, algo de miga había que añadirle. Probamos hacer autoestop por un buen rato, pero digamos que no fue de las fronteras con más movimiento. Ante nosotros dos opciones: quedarnos en esa población de containers, Irkeshtam, a pasar la noche y probar suerte al día siguiente o aprovechar el último cartucho y negociar con el último taxi compartido el precio más barato posible para llegar a Sari Tash. Un tayico y un chino iban a Osh y ya habían pagado el trayecto entero, con lo que no nos resultó difícil conseguir un precio mucho más bajo que el que nos pedían de entrada. Aún así fue caro.

Tratar con transportes públicos y taxis siempre nos saca de quicio, a menos que los precios estén marcados y coincidan con lo que paga todo hijo de vecino, pero en la mayoria de los casos siempre te intentan timar. Montados en el taxi nos olvidamos pronto del embrollo y empezamos a disfrutar del camino. Por delante altiplanos espectaculares delimitados por cumbres nevadas y poblaciones que apenas son más que casas esparcidas en las bastas llanuras. Por largos momentos la presencia humana es nula. Un mundo habitado únicamente por animales no humanos.

En una rápida parada el taxista nos planta en medio de una de estas poblaciones de casas dispersas. Llegamos a Sary Tash. Como la mayoría de estas poblaciones, se vive de la cría de ganado. Cualquier casa tiene al menos una vaca o una oveja, los pastores se mueven a caballo seguidos de un perro fiel y los niños juegan libres sin que nadie eche mucha cuenta. Sary Mogul no queda tan lejos de Sary Tash, y es el lugar donde se accede al campo base del Lenin Peak. Pero nosotros no fuimos. A parte de eso, no hay mucho que hacer, pero el enclave nos gustó tanto que decidimos saborearlo durante más días de los que teníamos previstos. Nunca sabes cuando vas a tener la oportunidad de cagar en una letrina en medio del corral, lavarte la cara con agua congelada o comer pan duro de hace tres días. Eso sí, con wifi 4G. Realmente, nos quedamos por el gusto de estar allí.

Algún día teníamos que poner rumbo a Osh y decidimos hacerlo el día que se puso a nevar intensamente. Salimos por la puerta del guesthouse, miramos a ambos lados de la carretera y la única figura que se distinguía era un taxi compartido dirección a Osh. Nos lo tomamos como una señal: hoy no es día para hacer autoestop. No era casualidad tampoco, el alojamiento estaba enfrente del punto de encuentro de los transportes a Osh. ¡Amigo! Vámonos porque como siga nevando de aquí no salimos en un par de días. Aún quedaban asientos por llenar, esperamos por un rato y no pasó ni un solo vehículo. El único movimiento, el de las personas que nos dirigíamos a Osh. A medida que nos acercábamos a Gulcha, las nubes se dispersaron, el cielo se abrió y los prados tomaron un color verde intenso.

Osh es la ciudad principal del Sur de Kirguistán. Para nosotros fue un lugar de pausa, para recuperar fuerzas, ponernos al día y compartir con Gema y Mario, unos españoles muy majos, paseos y una cena de tortilla de patatas, rissotto y cerveza. En esos días fuimos muchísimas veces al Jayma bazar. Es un sitio para perderse y pasar un rato. Preguntamos precios de todo, curioseamos qué compra la gente y cómo lo hacen, aprendimos los nombres de lo básico… ¡vamos, un cursillo rápido de supervivencia en el país! Aquí conocimos los shashlik y el pan redondo adornado. Los alimentos que crecen en el frío son los más baratos en esta época del año y las samsas son los bocadillos de esta región del mundo. Los alimentos con el precio más barato no se escogen. Son los que están en peor estado y hay que sacárselos de encima, por eso son tan baratos – dice el vendedor.

Un buen día, soleado y con una temperatura agradable, cargamos nuestras mochilas a la espalda y nos fuimos a cruzar la frontera con Uzbekistán. Del centro de la ciudad a la frontera hay un agradable paseo de 5 kilómetros. Llegados al edificio fronterizo empezamos a oler a esas fronteras rudimentarias de mirada de inspección, sello y p’alante. En menos de media hora ya estábamos en Uzbekistán.

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Alberto Campaña y Sonia Díaz son los autores de VísteteQueNosVamos, un blog que nació en el año 2014 a raíz de un viaje vuelta al mundo. Apasionados de los viajes y de la montaña desde hace unos cuantos años más, decidieron dejarlo todo y salieron a conocer el mundo sin billete de vuelta. Esta vuelta al mundo los llevó por Nepal, Sudeste Asiático, China, Japón, EE. UU. y Sudamérica, recorriendo miles de kilómetros en transporte público, a pie y en autostop. Después de cuatro años en ruta, la decisión es clara, no quieren parar de viajar. Ahora están en un viaje por Asia.
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