Tianshui y las cuevas de Maijishan

De Corea del Sur a China, un pequeño salto hasta la ciudad de Qingdao daba inicio a nuestro periplo por este país. Es nuestra segunda vez. Siendo sinceros, teníamos especiales ganas de volver. Ahora queremos recorrer buena parte de la Ruta de la Seda.

Como decíamos, el primer lugar de China que pisamos fue Qingdao. Esta ciudad es famosa sobretodo por su cerveza. Sí, la marca más popular de La República Popular de China es Tsingtao. Una cerveza china, muy china. De ahí a Beijing. Unos días para visitar a un amigo y de paso recordar nuestra primera vez en la ciudad – eso del sentido romántico de revivir un lugar – . Xian ya la conocíamos, así que no paramos. Bueno, paramos en su estación de tren. Vimos la ciudad desde la ventanilla, nos miramos y dijimos: ¡Esto es solo el principio! ¿Te acuerdas cuando nos tirábamos días y días planeando la ruta e imaginando este momento desde casa?

En Tianshui bajamos del tren, algo entumecidos por el largo viaje pero con la ilusión de un niño por abrir un juguete nuevo. Todo apuntaba a que sería un día intenso, pero no como lo teníamos pensado. Viajar por China tiene esas cosas. Instalados en el hostal más económico que encontramos y dispuestos a visitar las cuevas de Maijishan, la propietaria nos viene a informar que se lo ha pensado mejor y que no le está permitido alojar extranjeros, que debemos irnos a otro. Alma de cántaro, ¿Tú sabes lo que nos va a costar encontrar uno de nuevo? Pese a que ya nos lo esperábamos, no deja de dar coraje. Nos dirigimos convencidos a la comisaría de policía a llorarles un poco para conseguir que nos concedieran permiso – en otras ocasiones nos había funcionado – y alojarnos allí donde queríamos. Pero esta vez no hubo forma. No está cualificado, decían. ¿Cualificado para quién? Si hemos estado, lo hemos visto y nos queremos quedar ahí, somos nosotros los que decidimos si está o no cualificado para nuestras necesidades y presupuesto. Suena lógico, ¿no? En China la lógica funciona de otro modo.

Bien, perdimos casi el resto del día buscando un lugar cualificado, sobretodo económicamente. No daba tiempo a visitar las cuevas, así que decidimos llenar la panza y al día siguiente visitarlas. Como decíamos, un día intenso pero poco fructífero.

Las cuevas de Maijishan

Fácilmente se llega desde la ciudad tomando un bus urbano. No tarda demasiado y te deja junto a la venta de tickets. Desde aquí hay que andar hasta la entrada de las cuevas. A medida que nos acercamos se nos iluminan lo ojos. Realmente nos gusta lo que vemos.

Datos históricos. Las cuevas empiezan a construirse durante la Dinastía Qin. En el 420 llega el monje Tanhung. Sería importante porque se dignaron a dejarlo escrito en el Gaoseng Zhuan, biografías de monjes eminentes. Un poco más tarde Xuangao trae a 300 monjes más. Pero poco les dura la alegría. En el 440 abandonan la zona por una serie de guerras y persecuciones anti budistas. Pasado este período vuelve a reactivarse la actividad y crece el número de cuevas. Se deduce que se abandonan en algún momento de la historia y no se descubren hasta 1953. A partir de ahí, se estudian, se hacen trabajos de conservación y luego se muestran al público.

La visita. Hay muchas cuevas budistas, unas 190, situadas en una pared totalmente vertical. Se accedía a ellas por un sistema de escaleras de madera, que cuando éstas estaban en mal estado se desprendían haciendo imposible el acceso. Aunque ya no son de madera, subir a lo largo de los 10 niveles ya es una experiencia. No sabemos si en la antigüedad ponían barandilla, pero creemos que es imprescindible.

Las pinturas y las figuras – elementos budistas – son muy característicos, mejoran por el enclave donde se encuentran y sobretodo destacan por las tres grandes figuras exteriores esculpidas en la roca. Al interior de las cuevas no se puede acceder, la visita consiste en subir escaleras y pasar por enfrente, ver las figuras a través de una rejilla e imaginarse que debe haber más al fondo. No es ninguna queja. La belleza de las cuevas, para nuestros ojos, está más en el conjunto.

No muy lejos hay un mirador para ver con perspectiva las Cuevas de Maijishan y es un buen lugar para acabar la visita. Las preguntas que más nos hacemos observando las cuevas son: ¿Qué se les pasaría por la cabeza a estos monjes para excavar en la verticalidad? ¿Estaban un día reunidos unos pocos y entre todos se animaron a realizar semejante extravagancia? ¿O quizá en sus viajes terrenales se encaramaron a un lugar inaccesible para poder meditar? Llegamos a la conclusión que no fue por mejorar la señal del wifi, seguro.

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Alberto Campaña y Sonia Díaz son los autores de VísteteQueNosVamos, un blog que nació en el año 2014 a raíz de un viaje vuelta al mundo. Apasionados de los viajes y de la montaña desde hace unos cuantos años más, decidieron dejarlo todo y salieron a conocer el mundo sin billete de vuelta. Esta vuelta al mundo los llevó por Nepal, Sudeste Asiático, China, Japón, EE. UU. y Sudamérica, recorriendo miles de kilómetros en transporte público, a pie y en autostop. Después de cuatro años en ruta, la decisión es clara, no quieren parar de viajar. Ahora están en un viaje por Asia.
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