El corredor de Wakhan

El Wakhan es un estrecho corredor que funciona como frontera natural entre Tayikistán, Afganistán, China y Pakistán. Los habitantes del valle se denominan wakhis y se reparten a lo largo del valle entre Tayikistán y Afganistán. Nos contaban que hace mucho tiempo sus habitantes paseaban a sus anchas cruzando el río Panj, pero el rumbo de la historia cambio cuando a finales del siglo XIX hubieron intereses por parte de Gran Bretaña. El corredor del Wakhan fue dividido por el Imperio Británico para impedir que el Imperio Ruso llegara a la India. Gran Bretaña llegó a acuerdos en ambos lados del valle – con Afganistán y el Imperio Ruso – y de esta manera dividió esta franja de tierra creando una zona de amortiguación entre los dos imperios.

Culturalmente hablando, tanto los del lado tayiko como los del lado afgano son iguales en tradiciones. Hablan la misma lengua, tienen las mismas costumbres y creen en el mismo Dios. Alguien, ajeno al lugar, decidió poner una línea que les separaba y les hacía pertenecer a lugares políticamente diferentes. En esencia es un valle fértil pero de las zonas más pobres de Tayikistán.

Recorriendo la Pamir nos hubiese gustado desviarnos cerca de Alichur entrando al valle por Langar, pero la carretera que discurre desde la Pamir hasta Langar está poco transitada y, por temas logísticos, nos hubiese resultado arriesgado. Así que decidimos acceder desde Khorog, hacer del tirón la carretera hasta Langar y andar en sentido contrario visitando los diferentes puntos del valle.

Después de encontrar una homestay en Langar donde pasar la noche, nos acercamos hasta los petroglifos. Son unas figuras esculpidas en una losa de piedra. Símbolos, escenas de caza y de pastoreo conforman el conjunto de estas formas. Entre ellas hay nuevas inscripciones de amores eternos e intentos burdos de copiar los más antiguos. Lo suyo hubiese sido representar coches modernos, antenas parabólicas y cables de electricidad, por seguir la cronología.

Llegar hasta este lugar nos ayuda a tener una visión amplía del valle, desde la altura toma una forma exquisita. El lecho del río es ancho, a ambos lados casas de adobe y pequeñas extensiones de vegetación señalan la presencia humana. Estas casas por dentro suelen tener una estructura Pamir, es decir, cinco pilares sostienen una cúpula. Nos contaron sus habitantes que cada pilar representa a un discípulo del islam. Alrededor de la sala se disponen bancadas a media altura donde se come, se duerme y se pasan las horas. La cocina y el baño siempre están fuera. Suele haber un horno tandoor donde se cocina el pan y un pequeño huerto para obtener alimento frescos. La comida es básica, y el plov sin carne, con arroz, patata y zanahoria es el plato omnipresente en todo el valle.

Temprano por la mañana emprendemos la marcha, no somos los únicos, muchos vecinos andan entre poblaciones para avanzar hasta que aparezca un coche que les avance unos kilómetros. El lecho del río Panj siempre a nuestra izquierda, y Afganistán. Vamos cruzando pequeños núcleos de poblaciones como Hisor, Zong, Zugvand, Shirgin, Drizh, Nizhgar… hasta llegar a Vrang. Los niños por el camino nos saludan con efusividad, se acercan a andar con nosotros y practicar las cuatro frases que han aprendido de inglés. Se sienten tan felices al ver que les entendemos. Algunos lo hacen desde la ladera, sin que podamos adivinar su posición exacta, pero ellos a nosotros nos han calado desde varios kilómetros. Eso significa una agudeza visual excepcional. Ninguno nos pide nada, ni money ni candys ni pens, solo quieren saludar y saber nuestro nombre – también queremos saber los suyos, aunque nos cueste recordarlos todos. Alguno hasta se anima a invitarnos a té en su casa. En Asia Central invitar a té es sinónimo de bienvenida.

Los zagales son algo más tímidos, pero los que se animan a saludarnos, se echan el brazo por encima del hombro y posan para que les hagamos una foto. Quieren verse en la pantalla, ver reflejada esa amistad que les une. Nos rompe el alma ese gesto. Muchos de ellos deberán abandonar el valle para buscar nuevas oportunidades, otros se quedaran para seguir con la tradición familiar y algunas de esas amistades se verán rotas por la necesidad de una vida adulta y responsable. Ellos de momento lo disfrutan, y si nuestras cámaras pueden registrar esa amistad y hacerla perdurar en el tiempo, tomamos la responsabilidad de no perderlas ni borrarlas.

Seguimos paso a paso nuestro camino, hasta alcanzar Togguz. La población queda en una ladera de la montaña, y un par de kilómetros por encima está el Yamchun Fort. Una antigua fortaleza de la que quedan apenas las paredes y alguna torre. Hemos visto alguna por el camino como la fortaleza de Abrashim Qala, pero esta nos parece de lo más espectacular. Las mejores vistas del valle están aquí. Un poco más arriba están las Bibi Fatima springwaters. Estas termas de agua caliente aprovechan el flujo natural para bañar tanto a locales como visitantes. Por tan solo 10 somonis puedes disfrutar de un baño de agua caliente en una piscina cubierta y relajarte por un rato. No hay que pasarse, que las bajadas de tensión son comunes. Hombres y mujeres entran por separado, y es que el baño se lo pega uno en pelotas.

En Toggud hacemos noche en otra homestay que nos recomendó un buen amigo. El dueño resulta ser el profesor de ruso de la aldea y la nuera la de inglés. Muy orgulloso nos explica sus años en Rusia, su vuelta a la aldea y la pena de ver separado el valle. Por su casa han pasado muchísimos viajeros y es lo que más le gusta, llenar las habitaciones de la casa con historias e ingresos, que bien les hace falta. Ellos duermen en el salón principal, todos juntitos viendo la tele y a nosotros nos mandan a una habitación donde nos hicieron la cama en el suelo al estilo Pamir con varias pilas de futones en el suelo – es un futón muy particular de Tayikistán relleno de lana donde por un lado está forrado de terciopelo negro y por otro de una tela de colores llamativos – y mantas. La verdad que nuestra espalda agradece no dormir en los colchones convencionales. Los futones nos parecen muy cómodos.

Mientras visitamos el Yamchun Fort, conocemos una pareja escocesa que van de camino a Khorog en un pickup australiano y es que vienen desde Australia, y aunque parezca loco están de mudanza. Pensaron en aprovechar la vuelta a su país natal haciendo un viaje largo pasando por muchos países. Les proponemos hacer ese trayecto juntos adaptándonos a sus tiempos y les parece una idea estupenda. Las dos próximas etapas las haríamos tranquilamente en un coche que ni corre demasiado ni arriesga en las curvas. A un ritmo lento para disfrutar del paisaje y de la gente. La noche la pasamos en una homestay que ellos tienen referencias, en Namadgut. Le echamos todos un ojo y nos parece estupenda. Ellos dormirán en la tienda que tienen instalada en el techo de su pickup, y nosotros lo haremos de nuevo en el suelo encima de futones tayikos. Eso sí, la cena la compartimos encantados con conversaciones sobre nuestras vidas, y lo aprendido en el viaje.

A la mañana siguiente seguimos camino y la meta es Khorog, pero sin prisa. Disfrutamos del paisaje, paramos a cada rato para hacer fotos, algún tentempié y respirar los aires wakhis. El valle se aleja y nos da cierta pena. Tenemos la sensación de haber visto un lugar único, peculiar y muy auténtico. Por el valle del Wakhan pasan muchos viajeros, lo han hecho a lo largo de los años. Los británicos y rusos se lo han disputado durante un buen rato y algún resto en la fisionomía de estos habitantes del valle se ha quedado por el lugar. Hoy los afganos son vecinos, pero una vez fueron hermanos. Y aunque no han perdido el contacto visual, no pueden abrazarse. Pasado Ishkoshim el valle se estrecha y es espectacular, pero sabemos que en unos cuantos de kilómetros cuando se acabe el valle iremos acercándonos de nuevo a la ciudad.

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Alberto Campaña y Sonia Díaz son los autores de VísteteQueNosVamos, un blog que nació en el año 2014 a raíz de un viaje vuelta al mundo. Apasionados de los viajes y de la montaña desde hace unos cuantos años más, decidieron dejarlo todo y salieron a conocer el mundo sin billete de vuelta. Esta vuelta al mundo los llevó por Nepal, Sudeste Asiático, China, Japón, EE. UU. y Sudamérica, recorriendo miles de kilómetros en transporte público, a pie y en autostop. Después de cinco años en ruta, la decisión es clara, no quieren parar de viajar. Ahora han finalizado su ruta por Asia Central.
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