Año nuevo chino en Taiwán

Nos dimos cuenta en Bangkok lo mucho que nos había asalvajao India. Esperar el semáforo para cruzar la calle era algo inconcebible, todo nos parecía más limpio y los tailandeses más cívicos de lo que recordábamos. Esta pequeña parada en Tailandia en nuestro largo viaje, nos preparaba para el próximo destino. Taiwán.

Taiwán es un país que ya poco tiene que ver con los productos de baja calidad a los que lo relacionamos. Ha pasado de ser referencia de juguetes baratos de baja calidad a producir las mejores bicicletas. Giant y Merida. También tienen hueco en el mercado de laptops con Asus y Acer. Tu móvil puede que sea un HTC o tu router un D-Link…

Mientras que en China ganaba el comunismo y se formaba la República Popular de China, los contrarios a este sistema se movieron a la isla que hoy se conoce como República de China – Taiwán. China no reconoce Taiwán como un país, si no como una provincia más dentro de China. Y a los taiwaneses no les hace mucha gracia que los relacionen con China. Ellos lo sienten así e internacionalmente se les reconoce como país. Taiwán es Taiwán, y tienen su propia identidad, su propio pasaporte, su manera de hacer y no es justo compararlos. Ha pasado demasiado tiempo y han seguido su propio camino.

Llegamos aquí en plenas vacaciones del año nuevo chino. Nuestra idea, recorrerlo en autostop y adentrándonos en las casas de los taiwaneses, dejando que el país se muestre desde sus entrañas. Sofás y coches. Así se resumiría la manera como lo conocimos.

Taitung y la excursión al Sun Moon Lake

Taitung empieza a recibir más visitas gracias a que muchos de los vuelos low cost que provienen del sudeste asiático llegan al aeropuerto de esta ciudad. La recordaremos como la bienvenida e introducción a la cultura taiwanesa.

Nuestro primer sofá nos recibió en una casa de tamaño reducido, podríamos decir que optimizado, en un típico barrio taiwanés cerca del Taichung 5th Marquet. El barrio invita a observar como funcionan las cosas por aquí. Recorrer los mercados, los templos, perdernos por las calles sin rumbo fijo, ver como se organiza la gente en su día a día y que cosas les motivan. En los mercados, que hay varios repartidos por la ciudad y ordenados por número, es donde nos encontramos con la vida cotidiana.

El arte y la creatividad, son aspectos que parece que les atrae bastante, ya lo palpamos en esta ciudad. Nos acercamos al Museo de las Finas Artes. Es el principal museo de bellas artes de Taiwán y en su interior había una exposición con una temática floral muy interesante. Alrededor hay un tranquilo parque para pasear.

En frente del museo, está el Zhongxin Market, un tipo de edificio con patio en su interior. A este en concreto, se han mudado jóvenes artistas para abrir nuevos negocios y modernizar la función de estos edificios tradicionales. Es muy común en el país, ya que los negocios se organizan alrededor de varias calles interiores techadas o con soportales. Los diferentes locales, tradicionalmente, son tienda y vivienda. Se pueden ver muchos propietarios que mantienen la costumbre de vivir en el mismo negocio-casa y hacer media vida en la calle.

La Rainbow Village es otro ejemplo de creatividad. Unas pocas casas han sido decoradas y pintadas con colores muy vivos. Queda alejado del centro de la ciudad pero se accede muy fácilmente en transporte público. La idea la tuvo un señor, el ex soldado Huang Yung-Fu que comenzó a pintar estas casas para salvarlas de la demolición. Pensó que pintarlas no sería mala idea para atraer gente, darle una nueva función y evitar así su destrucción. No se equivocaba, así sucedió. A día de hoy se acercan hasta aquí montones de personas que gastan su dinero en las tiendas que hay en el interior de estas casas y ayudan a mantener todo esto. Mientras en los alrededores se hacen nuevas construcciones y todo está en obras, esta aldeíta de colores sobrevive a las excavadoras.

Taitung tiene un importante patrimonio cultural. El templo de Confucio es un buen ejemplo. Es bastante grande y tiene diferentes pabellones y salas de actividades en los laterales. Coincidimos con uno de caligrafía. Nos invitaron a pasar al taller y nos regalaron un par de ejemplos de su trabajo. No sin antes hacernos las fotos para la posteridad. El Paochueh Temple es un templo budista con un buda sonriente y un memorial a los caídos japoneses durante la II Guerra Mundial. Curioso por el tamaño de la estatua, y la barriga de éste. También por la cara de felicidad que se gasta.

El Museo de Literatura de Taichung también tiene su espacio en esta ciudad. Se ha restaurado una parte de unas antiguas casas japonesas, alrededor hay un jardín que a su vez funciona como zona de descanso.

Taichung park es el parque más antiguo de la ciudad y fue construido por los japoneses en el siglo XX.  Tiene un lago artificial y el palacio de madera fue diseñado especialmente para recibir al príncipe japonés durante la inauguración del ferrocarril de Taiwán. El Taichung Broadcasting Bureau es un edificio de la década de los 30 que se construyó para que los japoneses de Taiwán pudiesen disfrutar por radio la coronación del emperador Hirohito. Al lado de éste se puede entrar al estadio de béisbol. El deporte por excelencia en el país. Puede que el equipo local esté entrenando y veas algún home run.

Si algo gusta a los taiwaneses son los Night Markets, no distan mucho de los que ya conocemos de Tailandia. En Taitung nos acercamos a conocer dos de éstos. El local Hanxi Night Market y el turístico Fengjia Night Market, conocido por ser el mayor mercado nocturno de Taiwán. ¿Qué decir? Suelen tener los precios incrementados, pero son un buen lugar para probar todo lo que se antoje sin recorrer demasiado. Son también un buen lugar para ver el ambiente nocturno, sobretodo la relación entre los jóvenes y la creatividad comercial.

Desde esta ciudad se puede llegar al Sun Moon Lake, un lago rodeado de montañas, templos y tiendas. Es un lugar bastante turístico, solo hace falta ver la oferta hotelera, pero vale la pena acercarse y caminar por los alrededores. Huyendo un poco del ambiente turístico, nos subimos hasta el observatorio meteorológico y disfrutamos de las vistas al lago desde lo alto de la colina. Volviendo paseamos alrededor del lago y volvimos en autostop a Taitung. Todo en el mismo día, aunque hay oferta suficiente para hacer noche en el lago.

Tainan

Atraídos por la idea de ver una ciudad con patrimonio cultural nos acercamos hasta Tainan. Aunque a decir verdad no le prestamos demasiada atención. Ocurrió que volvimos a coincidir con Dani, recorrimos sin rumbo fijo la ciudad y nos pusimos al día mientras visitábamos los diferentes lugares: el Templo de Confucio, la puerta Sur de la muralla y el templo de Koxinga.

Nos alejamos un poco de la ciudad al siguiente sofá que nos recibiría, en un pueblo a las afueras y rodeado de árboles de jujubes. No habíamos oído hablar de esta fruta y sus propiedades son más que buenas para la salud. Hasta tal punto que la llaman la fruta de la inmortalidad.

Esos días los disfrutamos fuera de la vida urbana, recolectando y comiendo jujubes. Compartimos grandes momentos con la familia que nos acogió y gracias a ellos, conocimos una celebración al más puro estilo taiwanés. Comida y bebida hasta más no poder. El hotpot es algo que les gusta mucho. Se sirven diferentes ingredientes aún sin cocinar y en una olla con agua hirviendo se van metiendo los ingredientes a medida que se quieren comer y cada uno se va sirviendo. Todo acompañado de vino de arroz y cerveza. Se brinda, se ríe, te cambias de sitio para hablar con los diferentes asistentes. Te echas la siesta y cuando te despiertas sigues comiendo… espera, hablamos de Taiwán, ¿verdad? ¡Sí! Y es que en eso nos recordaron mucho a alguien…

Salimos de allí con el corazón a rebosar, una sonrisa que no se podía esconder y un par de kilos de jujubes para el camino.

Kaohsiung

Kaohsiung no tiene la misma fama que Tainan. La ciudad en sí es pintoresca y tiene zonas interesantes para visitar que nos gustaron. Si no que se lo digan a la familia del primer sofá que nos recibía en esta ciudad. Se esmeraron en darnos información para que conociéramos perfectamente su ciudad. No nos podíamos perder la isla Cijin. Es cierto que es un buen lugar para pasar una mañana, subiendo al faro y a la fortaleza (Cihou Fort), paseando por la playa de Cijin y probando diferentes comidas en el mercado de la artería principal Cijin Old Street. Al otro lado, el Pier. Lo que antes eran almacenes o garajes, ahora son centros de arte, museos y tiendas. El reaprovechamiento de los espacios en Taiwán para fines lúdicos es algo muy común.

Si algo les gusta a los habitantes de esta ciudad es pasear a la verita del Love River, sobretodo al atardecer con las luces. Según ellos es el momento álgido y los selfies quedan mucho mejor.

El segundo sofá de la ciudad fue una familia de lo más activa. Nos llevaron al Parque Nacional de Shoushan a realizar un trekking. Un entorno natural lleno de senderos por explorar gracias a que toda la montaña esta compuesta por acumulación de coral ¡Nos encantó! El parque del Lago Chengcing también es un lugar para pasar el día. Lo recorrimos en bicicleta. Lo curioso de este parque es que hay áreas designadas para las diferentes actividades. Encontramos una especial para tomar té. No hablamos de una tetería, sino un lugar donde las personas únicamente van con unas mesas tipo picnic y cada uno se trae lo necesario para preparar el té: hornillo, tetera, cucharillas, tazas… ¡Todo muy profesional y clasificado por temáticas!

No será raro que alguno de los tantos voluntarios quiera ayudarte a situarte dentro del parque explicándote los recorridos, y es que no es pequeño precisamente. Sí, en Taiwán es común que las personas retiradas quieran seguir su actividad y no quedarse en casa. Por eso se hacen voluntarios y contribuyen con la comunidad haciendo trabajos de conservación en los parques naturales, como informadores en los parques urbanos o en otras funciones. Cualquiera podría pensar que lo de jubilarse no es precisamente su deseo.

Dulan

A Dulan llegamos en plena festividad del año nuevo chino. Todos se preparan para esta celebración que dura una semana. Son las vacaciones más importantes del año y moviliza a todos y cada uno de los habitantes de la isla. Se reúnen con la familia, celebran por todo lo alto a base de comer, beber y tirar petardos. Para nosotros, un problema. Hospedajes llenos, moverse de un sitio a otro es complicado y los lugares a visitar están a rebosar de familias enteras, largas colas y aglomeraciones. Decidimos buscar un sofá que nos acogiera durante esos días y no fue nada fácil, pero la suerte nos acompañó y apareció un ángel para ayudarnos.

En Dulan no hicimos gran cosa. Aunque en los alrededores hay diferentes actividades, decidimos parar un poco y paseamos mucho por la playa. La población recibe el nombre por la montaña que la vigila desde la retaguardia. Si hace buen tiempo, hacer el trekking hasta la cima es una buena idea para pasar un día entero. Las playas son famosas para los practicantes de surf. No es raro ver motos o furgonetas cargando una tabla de surf por la carretera. De hecho, cerca de Dulan está el lugar donde se celebra uno de los campeonatos mundiales. Por supuesto, también visitamos la cercana ciudad de Taitung y su interesante mercado local.

Hualien y Yuli

Hualien resultó ser una experiencia. En pleno año nuevo chino no conseguimos sofá en la ciudad y todos los alojamientos estaban llenos, y los que no, estaban fuera de nuestro presupuesto. Así que tuvimos que improvisar algo y acabamos durmiendo en los sofás de la recepción de una guesthouse. Haciéndonos amigos del dueño, bebiendo té mientras veíamos pelis japonesas. Fue suficiente para cargar pilas y visitar al día siguiente la Garganta de Taroko. Algo bueno tenia que tener coincidir en fechas vacacionales ya que el transporte dentro de la garganta es gratuito. En este parque se pueden hacer diferentes trekkings, más largos o más cortos, pero se necesita tiempo y cierta independencia de transporte, cosa que no teníamos. Así que nos restringimos en visitar los diferentes puntos donde los shuttles paraban a ver la garganta desde el punto de vista más turístico.

Salir de la Garganta de Taroko a dedo fue fácil, pero llegar a Taipei fue interminable. Las caravanas de regreso por vacaciones colapsaban la autopista y la noche se nos echó encima. Así que decidimos parar en Yuli, una ciudad donde podríamos haber encontrado un lugar donde dormir fácilmente. Podríamos, pero tampoco hubo suerte. Cartel de completo. Tuvimos que volver a poner en práctica nuestras dotes de persuasión y convencer al manager de un hotel que nos dejara dormir en el sofá de recepción.

Taipei

Cargadas las pilas, y habiendo salvado la noche, no queríamos complicarnos demasiado con la entrada a Taipei llegando en autostop, además que se puso a llover. El tren era razonablemente económico.

Llegamos a la capital. Los dedicamos a conocer la ciudad y tomar fotos, acabar de saciarnos de bubble tea, probar cosas nuevas en cuanto a comida y preparar el próximo destino. La famosa Torre 101 es el edificio más emblemático y es que su altura quita el hipo. Fue la más alta del mundo hasta el año 2010, cuando se construyó el Burj Khalifa. Sus alrededores están llenos de centros comerciales con las marcas de siempre y que para nada nos atraía. En el parque de la Elephant Mountain se disfrutan de las mejores vistas de la ciudad y de la Torre 101, si el smog o la niebla te lo permiten.

Nos perdimos entre las calles y barrios, como la calle histórica Bo-Pi-Liao, alrededores de la Red House, diferentes parques como Daan Park, Fine Arts o Songshan, mercados y templos como el Dalongdong Baoan y Lungshan Temple. El Memorial de Chiang Kai Shek es un recinto con bonitos jardines donde se encuentra el monumento a Chiang Kai Shek con una gran estatua dentro de un edificio circular y completado con un museo patriótico sobre la instauración de Taiwán como país. El National Revolutionary Martyrs Shrine un lugar conmemorativo de las diferentes guerras ocurridas en Taiwán. Nada espectacular, pero vimos un cambio de guardia. Por el camino vimos un edificio de arquitectura tradicional pero que se escapa de las medidas convencionales. Era un hotel. Así que nos acercamos a ver que tal era por dentro el hotel más famoso de la ciudad. The Grand Hotel es un hotel muy kitsch, decorado de una manera que nos recordaba involuntariamente a los tantos restaurantes chinos que un día llegaron a proliferar en España.

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GeorgeTown.Bicycle Street Art

Alberto y Sonia son los autores de VísteteQueNosVamos, un blog que nació en el año 2014 a raíz de un viaje vuelta al mundo. Apasionados de los viajes y de la montaña desde hace unos cuantos años más, decidieron dejarlo todo y salieron a conocer el mundo sin billete de vuelta. Después de cuatro años en ruta, la decisión es clara, no quieren parar de viajar.
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